miércoles, 19 de octubre de 2011

Articulo de diario "Jornada" 17/10/2011- A 66 años del nacimiento del Día de la Lealtad


Hace más de medio siglo, casi medio millar de obreros salieron a la calle no sólo a liberar a Juan Domingo Perón, sino a defender sus conquistas laborales y sociales.
La extraordinaria movilización del 17 de octubre dio inicio a un movimiento político y social: el peronismo
Hace 66 años, nacía para el peronismo el Día de la Lealtad. Fue cuando una masa de laburantes, salieron a las calles a reclamar la libertad de su líder, un coronel del Ejército Argentino llamado Juan Domingo Perón. Fue un 17 de octubre de 1945. Ese día se produjo en Buenos Aires una gran movilización obrera y sindical que exigía la liberación de Perón, quien desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social creada a su pedido, promovió los derechos de los trabajadores.

Esa histórica jornada es considerada como el día de nacimiento del peronismo y uno de sus máximos símbolos, así como uno de los momentos más importantes de la historia del movimiento obrero argentino.

Antecedentes históricos

El 4 de junio de 1943 militares nacionalistas dirigidos por el general Arturo Rawson desplazaban por medio de un golpe de estado al presidente Ramón Castillo, último presidente de la llamada “Década Infame”. Una línea de gobiernos acusados de corruptos y que habían impuesto el llamado fraude patriótico desde el golpe militar que en 1930 encabezara el general José Félix Uriburu.

Una de las primeras medidas del gobierno fue disolver algunas centrales obreras, perseguir a líderes gremiales e intervenir sindicatos. En octubre una serie de huelgas fueron respondidas con el arresto de decenas de dirigentes obreros.

En esas condiciones algunos dirigentes sindicales, decidieron, emprender una estrategia de alianzas, con algunos sectores del gobierno militar que compartían los reclamos sindicales. Entre los militares estaban los jóvenes coroneles Juan Perón y Domingo Mercante.

Los sindicalistas propusieron crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. Poco después, la alianza entre sindicalistas y militares obtuvo que el gobierno militar designara a Perón como Director del Departamento de Trabajo, un cargo aparentemente sin valor alguno. Un mes después, consiguen elevar la jerarquía del organismo a Secretaría de Estado. Desde la Secretaría de Trabajo, Perón, con el apoyo de los sindicatos empezó a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo la indemnización por despido a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiados con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se creó el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohibieron las agencias privadas de colocaciones y se crearon las escuelas técnicas dirigidas a obreros; en 1944 se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados y en 1945 otros 347 para 2.186.868 trabajadores. Adicionalmente Perón logra derogar el decreto-ley que reglamentaba los sindicatos sancionado en los primeros días del gobierno militar.

En ese marco los sindicatos comenzaron un período de gran crecimiento, y lo que fue aún más decisivo, comenzaron a afiliar masivamente a los “nuevos” trabajadores, los que estaban migrando masivamente a la ciudad desde el interior del país, los llamados “morochos”, “grasas” y “cabecitas negras” por las clases medias y altas, y los propios trabajadores “viejos” descendientes de la inmigración europea.

Poco después, algunos sindicatos que se habían mantenido alejados, la CGT Nº1, la USA y los gremios autónomos, comienzan a unificarse en torno de la Secretaría de Trabajo. Pero en sentido contrario, en septiembre de 1945, 4 importantes sindicatos se separan de la CGT: La Fraternidad, la Unión Obrera Textil, la Confederación de Empleados de Comercio y el Sindicato del Calzado.

La alianza entre sindicatos y el grupo de jóvenes militares encabezados por Perón generó inmediatamente una fuerte oposición de los sectores conservadores políticos, económicos y militares, con apoyo de la embajada de Estados Unidos que generó una alta polarización para 1945. Los hechos se sucedieron vertiginosamente.

El 12 de julio de 1945 los sindicatos dirigidos por Borlenghi realizaron un acto masivo el centro de la ciudad de Buenos Aires . Al finalizar, la multitud de trabajadores comenzó a corear el nombre de Perón y lo proclaman como candidato a presidente.

La manifestación obrera fue respondida el 19 de septiembre por los sectores medios y altos con la Marcha de la Constitución y la Libertad, que reunió la extraordinaria cantidad de 200.000 personas, marchando del Congreso a los barrios de clase alta, donde apoyaron al ex presidente Rawson que salió al balcón de su casa.

Los días de octubre

Días después, Rawson encabezó un planteo militar que fracasó pero poco después, el 8 de octubre de 1945, un enfrentamiento entre Perón y el general Eduardo Ávalos, jefe de la poderosa guarnición de Campo de Mayo es dirimido mediante una votación de los oficiales superiores que decidió exigir la renuncia de Perón, que en esos momentos ejercía simultáneamente los cargos de vicepresidente de la Nación, secretario de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, decisión aceptada inmediatamente por Perón.

El 10 de octubre, en el momento que Perón dejaba el despacho, la CGT realiza un acto en su apoyo en la esquina de las calles Perú y Alsina. Perón pronuncia ante los allí reunidos un famoso discurso, que además se transmitió por radiofonía, en el que detalla un avanzado programa de reivindicaciones laborales. El 11 de octubre Ávalos asumió el cargo de Ministro de Guerra y esa noche se realizó en el Círculo Militar una reunión de casi 300 oficiales, en la que se debatió el rumbo que se debía seguir, incluyendo la discusión sobre si mantener o no a Farrell en la presidencia Allí se decidióó enviar una delegación a entrevistarse con Farrell para pedir la inmediata convocatoria a elecciones, y la detención de Perón.

El 12 de octubre luego de recibir a la delegación militar, Farrell solicitó la renuncia de todos los ministros, salvo Ávalos, y designó a Vernengo Lima como Ministro de Marina. Al mismo tiempo, en los alrededores del Círculo Militar se realizó una manifestación espontánea de los sectores más conservadores y los estudiantes, que voceaba consignas antimilitaristas y mantiene virtualmente bloqueado el edificio. El 12 de octubre, el presidente Farrell ordenó la detención de Perón. El coronel fue trasladóado a la Isla Martín García.

El 15 de octubre la FOTIA declaró en Tucumán una huelga general, y esa misma noche hicieron lo mismo varios sindicatos de Rosario, exigiendo la libertad de Perón. En la noche del miércoles 16 se reunió el Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo y luego de un largo debate se decidió declarar una huelga para el 18.

Si bien la CGT no auspició la movilización que tendría lugar al día siguiente, la declaración de huelga sirvió como impulsor para que varios sindicatos y los trabajadores en general, que estaban en alerta desde días antes, se sintieran avalados para las acciones a emprender.

Perón, alegando problemas de salud, consiguió que lo a trasladen al Hospital Militar, adonde llegaría en la madrugada del 17.

Miércoles, 17

En la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios y de los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores. Fue muy importante el número de trabajadores que salió de Berisso, en la que estuvo muy activo a favor de la movilización el dirigente gremial Cipriano Reyes. La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que mientras marchaban retroalimentaban el movimiento. La policía, claramente favorable a Perón, no obstaculizó la marcha e incluso algunos de sus integrantes intercambiaron expresiones de simpatía con los manifestantes, cuyas consignas nada tenían que ver con el reclamo de la CGT sino que expresaban su apoyo a Perón y la exigencia de su liberación.

El presidente Edelmiro Farrell mantuvo una actitud prescindente. El nuevo ministro de Guerra, Eduardo Avalos observaba a los manifestantes y se negó a movilizar las tropas del cuartel de Campo de Mayo que en unas horas podían llegar a la Capital Federal, como se lo pedían algunos jefes del ejército y el ministro de Marina. Avalos confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola pero al comprobar que, por el contrario, era cada vez más numerosa, accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tuvieron una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran y por otra parte el gabinete renunciaría en su totalidad y Avalos solicitaría su retiro.

A las 23:10 Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno. Agradeció su presencia, recordó su labor en el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores y, finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente

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